domingo, 15 de febrero de 2026

La Brasa | Reflexiones con Porfirio Vargas



Un pastor se enteró un día de que uno de los miembros de su congregación había decidido dejar de asistir a la iglesia. La razón que daba era que podía comunicarse con Dios en la naturaleza igual que dentro del templo. Una noche, el pastor decidió visitarlo. Sentados junto al fuego, conversaron largo rato sobre muchos temas, pero en ningún momento hablaron de la ausencia del hombre en la iglesia. Después de un rato, el pastor tomó unas tenazas y sacó una sola brasa del fuego. La colocó sobre el suelo, separada del resto. Ambos observaron en silencio cómo la brasa, poco a poco, iba perdiendo su brillo hasta apagarse y convertirse en ceniza, mientras las demás seguían ardiendo con fuerza, iluminando la estancia con sus llamas vivas y danzantes. El pastor no dijo una sola palabra. Al cabo de un momento, el hombre rompió el silencio y dijo: —El próximo domingo estaré en la iglesia. La fe personal es importante, pero no fue pensada para vivirse en aislamiento. Así como una brasa separada del fuego termina apagándose, una persona que se aleja de la comunidad corre el riesgo de enfriar su vida espiritual, aun cuando crea que puede sostenerla sola. La iglesia no es solo un lugar, sino un espacio de comunión, apoyo, corrección y crecimiento mutuo. Permanecer juntos aviva la fe, fortalece el espíritu y nos recuerda que Dios también se manifiesta en la unidad de su pueblo.